De Sobisch a Sobisch

El 2 de agosto, en una muestra imperdible, se podrá disfrutar de las obras de Enrique y Pablo Sobisch. Será inaugurada a las 20 en la Bolsa de Comercio, España y Peatonal.

Diario LOS ANDES, Mendoza, sábado, 29 de julio de 2006

De Sobisch a Sobisch
“Petite femme moresque”, óleo, Enrique Sobisch.

Por Andrés Cáceres

Enrique Sobisch, fallecido en 1989, nos ha dejado una obra trascendente, polisémica, diversa y pareja en calidad. Su hijo Pablo, que expuso en el Museo de Arte Moderno en 1990, heredó su talento, asimiló su técnica y tiene voz propia.

Tenía y tiene una estética propia. De una figuración con siluetas fluorescentes, sostenidas desde el signo, el símbolo y la mancha, paso a la abstracción geométrica y por momentos nos recuerda a Rothko.

Pero a diferencia del pintor ruso-estadounidense, Pablo parte de la luz para llegar a la luz, como si todo el secreto de la vida, toda la ternura y toda la sutileza de la creación estuvieran allí.

La imagen que más ha quedado de Enrique es la del dibujante, ya que la línea fue durante sus primeros años lo que más cultivó y con características de excelencia. Militaba entonces en un expresionismo vigoroso, referido a temas y personajes nuestros, reales o literarios y resultaba semejante a Carlos Alonso, con quien compartió los mismos maestros y las mismas inquietudes.

El gran pintor surge cuando ya se radica en Buenos Aires, en 1968 y se torna superlativo hacia la década del ’80 en España, donde murió años después. Además, sus dibujos están diseminados en numerosos hogares del país, irradiando esa fuerza irresistible, dramática, con un hondo contenido social.

Su desempeño en la publicidad constituyó su fuente de ingreso y a la vez lo mantuvo dentro de una actividad afín, que lo conectaba tanto con la literatura como con el periodismo, ya que trabajó para las revistas ‘Criterio’, ‘La Gaceta’ y ‘Síntesis’ de México, diagramó libros para el Fondo de Cultura Económica e hizo innumerables trabajos de este tipo en la revista ‘Voces’ y en los suplementos de los diarios Los Andes y ‘La Libertad’, entre otros. También fue secretario técnico de Artes Plásticas de la Dirección Provincial de Cultura (58-59); director de Arte del Canal 9 (66-68); director de Arte del ‘Estudio 65’ y escenógrafo de Canal 9 y de las fiestas de la Vendimia ’58 y ’59.

Pintor social por antonomasia, gustaba apostrofar a los poderosos y a los autoritarios, a los indiferentes y a los mezquinos, como asimismo rescatar los valores reales a través de maternidades, niños, obreros y campesinos y llenar el espacio con pocas líneas, con una fresca ironía, con desparpajo, con acentuada crítica y hasta con una burla socarrona.

Antes de radicarse en España inició otra etapa, decididamente pictórica, en la cual la composición se serena, aparece más construida y las imágenes son, en ocasiones, ingrávidas y oníricas. Artista auténtico, trabajador incansable, saltó de un movimiento a otro, de un estilo a otro estilo, buscando la expresión y la belleza y buscándose a sí mismo, y así tenemos un Sobisch impresionista como un Sobisch expresionista, hiperrealista o surrealista y un excelente pintor en cada etapa. Su obra, compleja, habla por sí sola.

Pablo Sobisch

Los óleos y técnicas mixtas de Pablo Sobisch son una búsqueda y un culto a la luz. La hace surgir de la materia misma, como Rembrandt lo hacia desde la figura. Este apasionamiento por la luminosidad se hace más explícito a partir de la muerte de Enrique.

Esto podemos deducirlo de sus palabras: “Mi viejo salió en el ’80, con cincuenta años y con raíces muy hondas. Hizo un gran esfuerzo para integrarse (a Europa). Estuvimos juntos diez años. Las charlas de sobremesa de mi casa, se repitieron en España: qué había que asumir de lo que España nos brindaba, respetando lo que habíamos traído de la Argentina. Evidentemente, debimos desprendernos de algunas cosas, pero para poder tener una identidad, no aceptamos todo lo que Europa exigía. No era lo mismo lo que nosotros llevábamos que lo que nos proponían. El día de su muerte, fui a verlo al hospital y estuvo cuatro horas hablándome de la luz, de su persecución lumínica, algo que entonces yo no terminaba de entender”.

La luz es el padre, es la potencia creadora, es la vida, es Dios. Y constituye un tema infinito. Al buscar la luz, Pablo busca y encuentra a su padre. Cada pincelada, cada proyecto, se endereza hacia esa finalidad.

La suya es una obra de labor lenta y paciente, de superponer capa sobre capa, de hacer surgir la transparencia, de modular con delicadeza extrema hasta que la materia conforme un objeto de belleza despojada, lírica, libre, capaz de susurrarle un secreto a la intuición y brindarnos un instante de contemplación de lo inefable.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s